La recurrencia del racismo a lo largo de todos los tiempos, así como su alta versatilidad, que le permite adaptarse y renovarse en cada nueva época, ha dado mucho que hablar en la literatura. Pero quizá por la gran complejidad de este fenómeno, la energía de la gente entendida parece haberse consumido en la exploración de su naturaleza. Parece haber quedado hasta ahora pendiente el tema de su ataque, más propiamente dicho de la importancia, o quizá debiéramos decir, de la urgencia de establecer formas y mecanismos sistemáticos para erradicarlo. Ciertamente, casi toda la literatura que se ocupa del racismo destaca la importancia de luchar contra él (Wieviorka, 1992, Castellanos, 2000). Más aún, de ahí se han desprendido propuestas para contrarrestarlo, para neutralizarlo y para prevenirlo.
Pero estas propuestas (unas de carácter filosófico, otras de índole legal y algunas de corte educativo) no han sido formuladas de manera articulada. De ahí que su acción no haya sido hasta ahora sistemática y como consecuencia, sus resultados tampoco han sido del todo efectivos. Mientras tanto, los estragos que este mal social sigue provocando no admiten mayor demora en la construcción de una alternativa articulada y sistemática para luchar contra él.
A lo largo de muchos años ha sido prácticamente una regla básica buscar en la tolerancia los argumentos no sólo para permitir la libre competencia de ideas, puntos de vista diversos y posiciones políticas distintas, sino también para evitar la exclusión, la discriminación y la xenofobia fundadas en el racismo.
Desde el estudio la epístola sobre la tolerancia de John Locke (autor del siglo XVIII) en 1991 —en la que el tópico central es el asunto religioso—, pasando por el ideal de la pluralidad puramente política, hasta nuestros días en que lo usual es que se añada a la pluralidad política el tema de la pluralidad cultural, étnica, etcétera, la filosofía, la filosofía política y la ciencia política han consolidado toda una tradición normativa de la tolerancia (Walzer, 1998).
Para combatir el racismo deberíamos combatir primero la educación, la mala educación. Erradicar el comportamiento desagregador que se inicia en casa. El miedo a lo nuevo y sobre todo a lo distinto provoca rechazo, como consecuencia de la falta de información y de los prejuicios o creencias erróneas, se pueden crear estereotipos sobre los inmigrantes y los refugiados que son meras simplificaciones de una realidad mucho más compleja. Al cerrar la puerta de la educación, va la de la política ya que sin un gobierno que respalde la tolerancia y la igualdad no se puede hacer nada.
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| Imágen de la página: https://enlinea.santotomas.cl/blog-expertos/dia-internacional-la-eliminacion-la-discriminacion-racial/ Usada para reflejar la lucha contra el racismo desde la escuela. |
BIBLIOGRAFÍA:

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